Ars longa, Vita brevis
osqvar's evil blogamia
linguistiqva TяA pluriverses
“Canta, oh diosa, la cólera del pélida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —cumplíase la voluntad de Zeus—desde que se separaron disputando el átrida, rey de hombres, y el divino Aquiles.”
Siempre me ha parecido curioso que el texto que inventó la filología siga analizándose desde la perspectiva platónica que nos la legado la tradición filológica alejandrina. ¿Cómo que la culpa de todo fue de Aquiles? ¿Fue por su enorme mosqueo que murieron taco de griegos asediando Troya durante diez años? Pero si él lo hizo porque Héctor había matado a su amante Patroclo, y lo hizo confundido porque Patroclo iba disfrazado de Aquiles. Y Patroclo se había disfrazado del temido Aquiles porqué éste no quería salir a luchar. Y Aquiles no quería luchar porque se había mosqueado antes porque su general, Agamenón, se había quedado con su esclava-botín de guerra...
Entonces, la cólera funesta del pélida
Aquiles ¿es la primera, le llevó a no luchar, causando todo el follón; o la segunda, que lo llevó a cometer hybris, creyéndose más guay que los dioses al no respetar la ley divina por arrastrar
el cadáver del príncipe Héctor alrededor de la ciudad sitiada? Y por qué no comienza la Iliada con un “Canta oh Musa el egoísmo del átrida Agamenón, egoísmo funesto que…”
El caso es que los acontecimientos se van encadenando como un dominó en el que la acción de uno motiva la acción de otro. Pero ¿quién empujó la primera pieza? ¿Quién puso tanta sangre a correr? Está claro que a quienes organizaron el texto les interesaba dejar claro la importancia de no dejarse llevar por las pasiones ni creerse mejor que sus superiores.
¿Propaganda política para contribuir a la estabilidad social? Los romanos lo tenían claro. Con su PAX ROMANA, declararon la paz
a los dioses, a quienes apaciguaban con tributos regulares (¡como a sus antiguos enemigos rendidos – y como a la Iglesia!). Un romano no es un
héroe-individuo llevado
por sus pasiones, sino un ciudadano guiado por la LEX. Algunos restos sí quedaron… los CAVE NON CADAS y MEMENTO MORI servían para enfriar los humos de los generales victoriosos paseados en
procesión en sus Triunfos.
Pero volviendo a Troya… para saber cómo comenzó todo hay que tener claro quién es quién:
Para dar efectismo dramático a la narración, nada mejor que un comienzo in media res,pero para entender cómo empezó todo hay que contar la historia ab ovo, como nació Helena, de Zeus y Leda (es lo que tiene seducir en forma de cisne).
La leyenda dice que Helena estaba tan buena tan buena tan buena (por algo era hija de Zeus) que todos los griegos querían casarse con ella.
Claro, la chica era un buen partido, con esa familia… El caso es que ella tenía para elegir una lista de pretendientes bastante larga. Entre los pretendientes estaban los más grandes de la época:
Ulises, Patroclo (el que después sería amante de
Aquiles), Menelao… Tal y como
estaba el tema en Grecia en ese momento, estar en esa lista tenía sus riesgos. En cualquier momento alguien fuerte y ambicioso podría cargarse al marido electo para casarse con Helena y heredar
su reino. Así que Ulises, que ya entonces no tenía un pelo de tonto, le propuso a Tíndaro que obligara a todos los pretendientes a hacer un juramento, el juramento de Tíndaro, que obligaba a
todos los pretendientes a jurar que si alguien se metía con el marido elegido por Helena, todos lo defenderían a muerte. Así que Helena eligió, y eligió a unos de los más poquita cosa, pero que
tenía la ventaja de ser su concuñado, lo que no dejaba se tener su morbo: Menelao.
Por otra parte estaba Paris, hermano pequeño del gran Héctor, sin saberlo. Guapetón y un poco esnob iba de fiesta en fiesta a ver qué pillaba, hasta que pilló de verdad. Lo malo es que fue en una fiesta para mayores…
Era nada menos que la boda de Tetis y Peleo (los padres de… ¡Aquiles!). Habían invitado a todo dios, menos a una, a la que siempre andaba dando por culo, la diosa de la discordia - ¿No os suena al hada envidiosa de la Bella Durmiente?. Mala idea. Discordia se mosqueó, como cabe esperar, y se dijo “os vais a cagar”. Cogió una manzana y escribió KAΛIΣTΗ (“a la más guapa” -según otras fuentes Ή ΚΑΛΕ ΛΑΒΕΤΩ), y la dejó caer donde estaban las tres hembras más cotizadas del olimpo, Hera, Atenea y Afrodita. Todas miraron la manzana como con desinterés, y luego se miraron. “Yo no la voy a coger”. Qué vulgaridad. Cada una sabía que era la mas guapa, pero o importante es que lo reconocieran las otras, así que necesitaban una mano inocente que cogiera la manzana y se la diera a la más guapa.
Una mano inocente no se
encontraba así como así en el Olimpo, así que Mercurio fue a buscar al pobre Paris, al que de paso le contaron que era príncipe troyano. Cada una le ofrecía lo que podía: Hera, un gran reino;
Atenea, la inteligencia máxima; y Afrodita, la mujer más guapa de Grecia. Entonces se puede decir que Paris eligió lo que más deseaba en la vida, y quizás los filólogos alejandrinos pensaran que
había elegido mal, pero claro, ellos murieron antes del XIX.
El caso es que Paris eligió a Afrodita, y entonces la muy pu… le dijo “Ves a esa mujer de ahí, pues ahí tienes a la mujer más guapa del mundo. Ve a por ella” Pero claro, no le
diría que la mujer más guapa del mundo estaba casada, y protegida por todos los mejores príncipes de Grecia.
Y así se montó el pollo que se montó.
O sea, que por lo que parece, la cólera funesta esconde lo que se ha venido a llamar el ESNOBISMO ORIGINAL. Y algunos lo comprendieron tan bien, que fundaron una nueva religión, el DISCORDIANISMO, que toma como Génesis una versión contemporánea de lo que sucedió en las bodas de Tetis y Peleo. Yo, personalmente, me adhiero completamente a esta religión en los momentos de ocio, y reconozco como mayor de los profetas a su Majestad Imperial de los Estados Unidos de América y Protector de México, Joshua Norton.
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¿Por qué conocemos al diablo por la cifra 666?
San Juan, en su Apocalipsis (Libro de la Revelación), se refiere a él con esta cifra.
Resulta curioso encontrar en el Antiguo Testamento tal vez el único nombre propio que es igualmente una cifra. Curiosamente en griego las cifras se representan con letras del alfabeto, así que al fin y al cabo lo que encontramos en la fuente original de San Juan son tres letras:
En el alfabeto griego 666 corresponde a la secuencia < χ ξ ς > (/x ks st/, pronunciado más o menos como “hi-ksi-sti”) en griego. Si significara algo, o si fuera un nombre griego, no extrañaría encontrar este nombre, que podría ser representado como una cifra. Pero muchos nombres propios del Antiguo Testamento no son griegos, sino hebreos, así que no sería de extrañar que se tratara de un nombre hebreo.
En cualquier caso el hecho de representar un nombre propio con una cifra en griego resulta extraño. Y curiosamente, en hebreo, es habitual: también en hebreo las cifras corresponden a letras (glifos) del alfabeto, y, por ejemplo, los nombres de Dios se representan con números, que a la vez corresponden a adjetivos en hebreo. Vistas así las cosas parece evidente que la trascripción de este nombre ha seguido una tradición hebrea y no griega. Se trataría de un calco. Y no es el único caso. El famoso “Yo soy el principio y el fín” (el alfa y omega: εγο ειμι αλφα δη ομέγα) parece ser otro de estos calcos de convención de representación léxica propios del jeroglífico y no del alfabeto, que conserva el hebreo, pero no el griego. En griego las letras del alfabeto no significan nada. Se importó el alfabeto fenicio con los nombres de letras que tenían en la tradición semítica (salvo para las vocales), pero estos nombres propios de letras no tenían significado. La sentencia divina es una clara traducción del hebreo, como lo podría ser el 666, cifra que sería representada en hebreo (de derecha a izquierda) וסת"ר.
Lo que no queda tan claro es si se trata de un nombre hebreo trascrito según una tradición hebrea o un nombre griego escrito según la tradición hebrea. En hebreo bíblico no se representan las vocales, así que 666, pronunciado /x ks st/, sería pronunciado en griego insertando vocales tras estas tres consonantes, y con una marca de caso como sufijo (ya se trate de griego o hebreo). Algunos nombres representados así son M-PH-ST (Μεφιστός) y X-P-ST (χριστός), Mefistós, o Mefistófeles, y Hristós o Cristo, respectivamente. En griego: < Χ Ρ Ϛ > y < Μ Φ Ϛ>. La similitud con la representación original de 666: < Χ ξ Ϛ> es sorprendente (y curiosamente, se da la ¿coincidencia? de que en hebreo el 600 se representa con la <m> de Mefistós). Dos opciones nos quedan para interpretar este nombre, o que exista una palabra hebrea que represente este nombre, o que sea una palabra griega.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que los números corresponden a una letra en cada alfabeto según la posición que ésta ocupa, como se puede ver en el cuadro de arriba. Ahora bien, los alfabetos griego y hebreo descienden del alfabeto consonántico lineal fenicio (también llamado norprotosemítico), pero el griego, al poseer sonidos, fonemas, inexistentes en fenicio, y un sistema rico en vocales, cambió algunos signos, su valor y su posición, variando así ligeramente el orden, y por tanto la numeración.
Y éste es el caso: resulta que ninguna de estas tres letras tienen equivalente en fenicio, así que 666, o es un nombre griego (algo así como hiksistós, lo cual resulta bastante plausible, pues –istos (Ϛ) es el morfema de adjetivo superlativo), o es hebreo (וסת"ר) y sigue la numeración hebrea, no la griega. En este caso lo que puedo pasar es que el transcriptor de San Juan no comprendió el וסת"ר mas que por su valor numérico, y lo transcribió así, sin ocuparse mucho del significado. Algo así como si un escriba latino transcribiese “puelle cui panem dedi” por “di pan a 106 chicas” en lugar de “(de/con) la chica a la que di pan” (cui, o CVI = “a la que” o 106). Esta hipótesis resulta inaceptable, imagino, para cualquier adepto a más de veinte siglos de exegética.
También es posible que nombre propio fuera hebreo, y correspondiera o no a una cifra hebrea. En cualquiera de estos casos sería absurdo transcribir en griego un nombre impronunciable, sobre todo, si el texto fue escrito para leerse en público. Entonces, si aceptamos que 666 representa un nombre, al final quedan dos explicaciones:
1. que se trate de un nombre hebreo que el escriba haya trascrito en griego con el equivalente numérico (pues las letras no tienen equivalente hebreo). En ese caso, el presunto original hebreo 666, וסת"ר, tendría un significado en el original (que debía pronunciarse más o menos como “mow”, siguiendo la transliteración de cifras), que desconozco. En ese caso, el significado se perdió en la traducción como se pierde el significado de un nombre propio. Entonces, hiksistós no significa nada; sólo es la pronunciación del número asociado a La Bestia.
2. que se trate de un nombre griego trascrito “al hebraico modo”, sin vocales, porque en hebreo esa palabra (y cifra) tenía un significado importante para el transmisor, que la tradujo al griego como hiksistós (o escrito con otras vocales) y cuyo significado desconozco. En este caso hubo traducción y no transnumeración, así que la cifra asociada se cambió a causa de la asimetría de sistemas numéricos. Es ese caso, la asociación del diablo a 666 es puramente accidental, porque el original hebreo era otro número.
Ambas hipótesis se apoyan en supuestos racionalistas que sólo pueden verificarse si encontramos evidencias de la existencia de un término griego χιξιστός o χεξιστός, lo que apoyaría la segunda tesis, o de un hebreo וסת"ר, lo que favorecería la primera.
¿Alguien se apunta a la búsqueda? Seguro que en el camino nos hacemos un montón de amigos…
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